Cinco claves para una política fiscal inteligente

Alejandra Ordoñez

De acuerdo al FMI, el comercio y las finanzas internacionales, así como la migración y las comunicaciones mundiales, provocan que los países ahora estén más interconectados. Sin embargo, si bien estos cambios traen beneficios, también han dado lugar a una creciente sensación de incertidumbre e inseguridad.

De ahí que el Fondo Monetario Internacional (FMI) resalta que  la coyuntura actual exige soluciones nuevas y más innovadoras, a las cuales le denomina políticas fiscales inteligentes. Es decir, políticas que faciliten el cambio, que aprovechen su potencial de crecimiento, y que protejan a los ciudadanos que salgan perjudicados.

Vitor Gaspar y Luc Eyraud, analistas del FMI, exponen cinco principios rectores sirven para delinear la fisonomía de estas políticas fiscales inteligentes:

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1. La política fiscal debe ser contracíclica

La política fiscal puede utilizarse para suavizar el ciclo económico, en lo que se le conoce como política contracíclica. En los tiempos difíciles, se reducen los impuestos y se incrementa el gasto para poner más dinero en los bolsillos de las empresas y los consumidores; en los buenos tiempos, el gasto se reduce y se elevan los impuestos.

Hoy en día la política fiscal desempeña un papel más protagónico en la estabilización económica que en el pasado, porque los bancos centrales en muchos países avanzados han recortado las tasas de interés hasta niveles muy cercanos a cero y están poniendo a prueba los límites de la política monetaria.

2. Debe ser favorable al crecimiento

Las medidas tributarias y de gasto pueden usarse para apoyar los tres motores del crecimiento económico a largo plazo: Capital, mano de obra y productividad. En cuanto al capital, en muchos países resulta muy aconsejable incrementar la inversión pública en vista de los bajos costos de endeudamiento y las importantes deficiencias en materia de infraestructura.

En lo que respecta a la mano de obra, los países deben seguir fomentando la creación de empleo y la participación en el mercado laboral. Además, las economías de mercados emergentes y en desarrollo podrían mejorar el acceso a los servicios de salud y a la educación. Y en cuanto a la  productividad, hay políticas que pueden estimularla, tales como las mejoras del sistema tributario.

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3. Debe fomentar la inclusión

La globalización y los cambios tecnológicos han sido importantes propulsores del crecimiento y de la convergencia del ingreso entre los países. Los impuestos y el gasto público son instrumentos muy poderosos para garantizar que los países repartan el dividendo de crecimiento entre la población. Por ejemplo, las transferencias monetarias condicionadas han sido útiles para reducir la desigualdad en varios países de América Latina.

La política fiscal también debería ayudar a la gente a participar plena y flexiblemente en una economía en constante cambio. Un mejor acceso a servicios de educación, capacitación y salud, así como al seguro social, puede ayudar a los trabajadores a recuperarse más fácilmente de una pérdida del empleo o de una enfermedad.

4. Debe estar respaldada por una sólida capacidad tributaria

Los gobiernos necesitan una fuerte capacidad para aplicar impuestos a fin de llevar a la práctica las políticas antes descritas. Según el FMI, la tributación ofrece una fuente estable y adaptable de ingresos que pueden movilizarse de ser necesario. También es un componente fundamental a la hora de determinar la capacidad de un país para reembolsar su deuda.
Esto reviste especial importancia para los países de bajo ingreso, ya que casi la mitad de estos países tienen una relación impuestos/PIB de menos de 15%. Y los pagos de intereses a menudo consumen una importante proporción de sus ingresos tributarios. En los países de bajo ingreso, desarrollar la capacidad tributaria es una prioridad clave para el desarrollo sostenible.

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5. Debe ser prudente

La crisis financiera mundial demostró que las finanzas públicas están expuestas a importantes riesgos que a menudo se subestiman. Los gobiernos tienen que comprender mejor los riesgos a los que están expuestos y adoptar estrategias para gestionarlos. Un ejemplo para América Latina de la importancia de las políticas fiscales prudentes es China, donde las autoridades son conscientes de la necesidad de moderar el ritmo de acumulación de deuda y de reducir los riesgos financieros.  El FMI asegura que abordar estos riesgos tempranamente mejoraría las perspectivas de crecimiento sostenible a mediano y largo plazo. 

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