¿Cómo la región puede transformarse con empresas más innovadoras y productivas?

Gabriela Mora

El avance tecnológico y la innovación son factores imposibles de ignorar ya que representan dos de las mayores fuerzas que impulsan el dinamismo social, el crecimiento económico y los avances en la productividad propios de la vida contemporánea.

Y esto se da desde cualquier indicador que se mire, por ejemplo producción de patentes, inversión en investigación y desarrollo. Asimismo, en el involucramiento del sector privado en prácticas innovadoras, disponibilidad de científicos e investigadores, liderazgo en disciplinas científicas, generación de innovaciones disruptivas para el mercado mundial, entre otros campos donde la región parece relativamente fuera del mapa a nivel mundial.

De acuerdo al estudio “La política de innovación en América Latina y el Caribe: Nuevos caminos”, realizado por la División de Competitividad e Innovación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las economías de América Latina y el Caribe (ALC) presentan un severo déficit en cuanto a la incorporación de conocimiento y tecnología a sus procesos productivos.

Es común la creencia de que este déficit de innovación se puede atribuir en parte a la concentración de la estructura productiva de la mayor parte de los países de la región en la explotación de recursos naturales, un tipo de industria que tradicionalmente se ha considerado como de menor intensidad tecnológica. Asimismo, la política pública tiene un importante papel que desempeñar en la superación de este rezago.

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Es mucho lo que se ha venido haciendo en años recientes en ALC en esta materia. Lo que por décadas consistió en financiar programas de becas, construir laboratorios o crear universidades, ha evolucionado hacia políticas que incentivan directamente al sector privado a invertir en innovación y hacia la conformación de ecosistemas de innovación adecuados para que en ellos florezcan nuevas empresas de rápido crecimiento como las startups, capaces de diversificar las economías de la región y acercarlas a la frontera tecnológica.

“En otras palabras, el déficit de innovación va más allá de ser una exclusiva consecuencia de la estructura económica típica de las economías de ALC, y sus raíces deben buscarse en otro lugar”, mencionó Ana María Rodríguez, gerente del sector de instituciones para el desarrollo del BID.

ALC, que cuenta con una arraigada tradición en materia de políticas de desarrollo científico y tecnológico, ha mirado a la política de innovación durante la última década como un punto de entrada a intervenciones públicas dirigidas a fomentar el desarrollo económico.

Al hacerlo, ha tenido que enfrentar los retos especiales de las economías emergentes, entre ellos: Las fallas generalizadas de coordinación entre empresas, escasez de capital humano calificado y portador de conocimiento tácito esencial para la innovación. Además, aguda heterogeneidad en tamaño y productividad en el conjunto de las firmas que operan en un país dado, limitada capacidad en el sector público para actuar con efectividad en relación con problemas como estos, y otros.

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La evidencia para América Latina proporcionada por el BID (2010) sugiere que el déficit en innovación aproximado por el esfuerzo en Investigación y Desarrollo (I+D) excede su estructura productiva, siendo la insuficiente inversión intrasectorial en I+D un componente importante de dicho déficit, que puede explicar entre un 40% y un 90% de las brechas observadas.

Acciones contundentes

Ningún mercado produce innovación suficiente si opera de modo espontáneo. Este estudio hace especial énfasis en la importancia de entender y analizar las fallas de mercado que, en cualquier economía, tienden a impedir que las firmas inviertan en innovación a un nivel socialmente deseable: La naturaleza limitadamente apropiable del conocimiento, la intangibilidad de los resultados de la investigación y desarrollo (I+D) y las fallas de coordinación que plagan la producción en industrias nuevas dificultan, entre otros factores, que la inversión en innovación alcance niveles óptimos.

Si por un momento se adopta una perspectiva evolutiva, lo que podría llamarse una primera generación de políticas de innovación en ALC ha tenido que ver principalmente con el establecimiento de los fundamentos institucionales e instrumentales de la misma. Efectuar la transición desde los tradicionales consejos de ciencia y tecnología hacia agencias modernas de innovación con capacidad para operar instrumentos de política pública básicos, tales como transferencias no reembolsables a empresas para estimular la inversión en innovación, ha ocupado buena parte del esfuerzo, y se trata de un proceso todavía en marcha.

Otro tanto puede afirmarse en cuanto a la transición desde el fomento de la investigación científica basada en la curiosidad hacia el hecho de poner el foco en el apoyo a la investigación orientada a una misión, esto es, una ciencia que tiene una vinculación conocida, incluso cuando esta sea indirecta, con los desafíos de desarrollo de los países.

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Esta evolución es en parte producto de la transformación que las mismas economías y la actividad empresarial están teniendo en la región, como reflejo de transformaciones globales. También es una consecuencia de la evolución del pensamiento acerca de esos cambios y, en particular, de la actividad innovadora. No solo la realidad se ha modificado, sino que se ha puesto en marcha un proceso de aprendizaje continuo, tanto en la forma de experiencia práctica con nuevas aproximaciones a la política de innovación, como en el análisis y la evaluación sistemática del impacto de las políticas que ya se han implementado.

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