Fábricas 4.0: El imperio de las máquinas

Alejandra Ordoñez

La alerta de una cuarta revolución industrial pesa sobre las fábricas de la región, y aquellas que quieran sobrevivir deberán ir de las ideas a la práctica en temas de innovación.

Hace más de 100 años Henry Ford transformó por completo el modelo de producción de la industria automotriz de Estados Unidos. Su visión era reducir los costos y tiempos de fabricación gracias a la producción en serie. Antes de incorporar su línea de montaje en la planta de Ford de Highland Park, en las afueras de Detroit, ensamblar un Ford Modelo T tomaba unas 12,5 horas y su precio final era de unos US$850. Esta innovación redujo el tiempo a solo 93 minutos y el costo a unos US$260.

La planta rápidamente pasó de fabricar 100 coches al día a unos 1,000. Hoy las fábricas de Ford lucen muy distinto, y un ejemplo de ello es su moderna planta en Valencia, que gracias a un complejo sistema informático que monitorean cada parte del proceso y el trabajo de 2,000 robots, es capaz de terminar unos 10, 000 vehículos al día, para completar una producción anual de 400,000 coches.

Al igual que Ford las fábricas de todo el mundo han sido invadidas por la tecnología, y todas las señales del mercado apuntan a que en las décadas que vienen, es probable que las grandes innovaciones, tales como el Internet de las Cosas (IoT), la impresión 3D y la automatización de procesos causen una mayor revolución en los procesos de producción, sobre todo en los países en vías de desarrollo.

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La disrupción tecnológica que ha implicado el desarrollo de sistemas más complejos, que combinan hardware, sensores, almacenamiento de datos, microprocesadores y software están desatando una nueva era industrial, cambiando la naturaleza de los productos, alterando las cadenas de valor y obligando a las empresas a rediseñar sus estrategias para adecuarse a la economía digital.

Tanto es así, refiere Li Yong, director General de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI, por sus siglas en inglés), que el Objetivo 9 de Desarrollo Sostenible “Desplegar infraestructuras fiables, sostenibles, resilientes y de calidad, para promover una industrialización inclusiva y sostenible, y fomentar la innovación” implica que, sin tecnología e innovación, la industrialización no tendrá lugar, y sin industrialización, no habrá desarrollo.

En América Central y República Dominicana los industriales también hacen lo propio para acelerar y reducir el costos de sus procesos de modo que sean capaces de competir en un mundo cada vez más globalizado. Sin embargo los países de la región tienen problemas para pasar de las propuestas a la implementación en temas de innovación, así lo advierte la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en su informe Ciencia, tecnología e innovación en la economía digital.

Nuevos modelos de producción

Las tecnologías recién llegadas, han permitido a las fábricas modernizar sus procesos, haciéndolos más eficientes, rápidos, precisos, seguros e inclusive autónomos. La sustitución de la mano de obra humana por máquinas con cierto nivel de inteligencia artificial y autoaprendizaje, han hecho que las fábricas expandan sus horizontes, aumentando su producción y reduciendo costos.

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Y es que para sostener el crecimiento económico, los países necesitan un cambio tecnológico que potencie el crecimiento. Uno de esos cambios llegó con el Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés), con el que la maquinaria y las cosas que se producen se conectan, mientras los fabricantes y proveedores pueden monitorear el desempeño de las máquinas.

Un segundo cambio llegó con el uso de drones en diferentes industrias, como en el sector agroindustrial, por ejemplo, en el que se utilizan estos dispositivos para regar insecticidas y pesticidas.

 

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