Humildad, hambre y empatía

Estos son los tres ingredientes esenciales para ser un buen jugador de equipo. Así lo defiende Patrick Lencioni en su último trabajo que lleva por título Equipos Ideales.

Este experto en gestión de equipos de alto rendimiento defiende la necesidad de incorporar a los equipos de trabajo personas que destaquen en estas tres virtudes por encima de otras.

La humildad ha sido motivo de muchos post de este blog y no es casualidad. Sin lugar a duda es la virtud más importante para las personas que forman parte de un equipo.

Sin embargo se suceden las ocasiones en las que se contrata a personas con una arrogancia desmedida porque sus conocimientos son de gran valor para una organización. Decisiones que suelen volverse en contra de los equipos en los que estas personas habitan, llevándoles a conflictos estériles por luchas de poder internas.

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Las personas carentes de humildad difícilmente generarán confianza ni se mostrarán vulnerables frente al equipo. Esto dificultará su compromiso frente a los objetivos colectivos si no son de su agrado. Podrán trabajar infatigablemente pero únicamente cuando persiguen su objetivo individual. Muchos expertos como Jim Collins hacen un alegato a la humildad como uno de los pilares del nuevo liderazgo.

El hambre es entendido como actitud proactiva e iniciativa responsable. A las personas con hambre no hace falta someterlas a presión porque son ellos mismos quienes hacen que las cosas ocurran. En el caso de los equipos, el hambre colectivo es de vital importancia para la mejora. No significa lo mismo un trozo de pan antes de comer que después de haber comido.

La complacencia, la comodidad y la resignación son detractores del crecimiento colectivo. Para Lencioni el hambre “consiste en un compromiso razonable y sostenido de hacer bien un trabajo y redoblar los esfuerzos cuando realmente se necesite”.

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La empatía en un equipo tiene que ver con “la capacidad de mantener relaciones interpersonales apropiadas y de estar atento”. La carencia de empatía no suele ser, en términos generales, intencionada.

Las personas que carecen o tienen muchas dificultades para empatizar no suelen captar los matices de las situaciones interpersonales, no siendo conscientes de la manera en la que sus palabras o sus actos impactan en otros miembros del equipo. Las personas con deficiencia empática generarán problemas innecesarios en el día a día.

La potencia de este modelo radica en la combinación explosiva de las tres virtudes. La ausencia de una de las tres en un miembro de equipo hace que su gestión sea más compleja en el día a día.

A la hora de incorporar a alguien a un equipo se hace imprescindible que la selección del QUIÉN responda a encontrar estas tres virtudes. Seguramente ni con una entrevista de selección tradicional ni con informas técnicos sea posible detectar estas virtudes.

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No podemos olvidar que trabajar en equipo es una elección consciente y sin lugar a duda, estratégica. Es por este motivo por el que no todo el mundo sirve para ser jugador de equipo. Sin embargo, por muy bueno que alguien sea, es imposible que consiga resultados extraordinarios sin su equipo. Pero por el contrario un equipo sin esa persona, aunque sea un número uno, tiene más posibilidades de conseguir los resultados.

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