Innovación y disciplina

Numerosos estudios han demostrado que la creatividad tiene mucho más que ver con el estímulo de un adecuado pensamiento crítico que con una buena sesión de brainstorming.

Uno de estos estudios lo desarrolló la psicóloga de la Universidad de California, Charlan Nemeth. Separó en grupos de 5 personas y de manera aleatoria a 265 mujeres estudiantes universitarias. A cada grupo le asignó la misma tarea (pensar ideas para reducir la congestión de tráfico en la bahía de San Francisco) pero con maneras diferentes de trabajar esa tarea.

La primera metodología era utilizar la tormenta de ideas. La segunda se basaba en dar absoluta libertad para abordar el tema como quisieran. La tercera forma de trabajar se basaba en cuestionar todas las ideas que fueran saliendo en el grupo.

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Los resultados no dejaban lugar a dudas. Los grupos que disentían y criticaban obtuvieron un 25% más de ideas que los grupos con las otras dos metodologías. Estudios posteriores han demostrado que además, los grupos que disienten generan ideas más productivas e imaginativas.

Las conclusiones de la doctora Nemeth se orientan a que “el hallazgo básico es que animar a la discusión e incluso a la crítica parece estimular la creación de más ideas”.

Esto nos lleva irremediablemente a pensar que las organizaciones que estimulen y faciliten la expresión de puntos de vista divergentes y los cuestionen adecuadamente serán mucho más innovadoras.

Si bien la innovación nace de la creatividad entendida como el arte de conectar cosas, tal y como expresaba Steve Jobs, la innovación es condición necesaria pero no suficiente para el éxito de un proyecto. Esta evidencia que está refrendada científicamente no suele ser del agrado de muchas organizaciones.

Jim Collins en Great by Choice explica como ni Polaroid fue la primera en inventar la cámara instantánea ni Gillette la pionera en inventar la hoja de afeitar. La clave de estas empresas no estaba solo en la innovación sino en la disciplina. De nada sirve crear algo magnífico si luego lo implementa de manera defectuosa.

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Tal y como expresa Matthew Syed en su libro Pensamiento caja negra: “los líderes necesitan innovación y disciplina, la imaginación para ver el panorama general y la concentración para percibir los detalles.

“El gran objetivo, que pocas veces se consigue, es aunar la intensidad creativa con la disciplina implacable para amplificar la creatividad en lugar de destruirla” Jim Collins

Por este motivo, en un mundo que cambia tan rápido no solo se puede dar respuesta con innovación, sino con la disciplina necesaria para que esa respuesta sea de alta calidad, eficiente y que venga a resolver en un contexto y un momento determinado, un problema que antes no podía ser resulto porque las ideas o tecnologías existentes no podían ser conectadas.

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